Cuidado con poner nuestra por encima de la mente de Dios

Tened cuidado, que nadie estropee vuestra fe con intelectualismo o locuras grandilocuentes. ¡Éstas están fundadas en las ideas que tienen los hombres acerca de la naturaleza del mundo y no toman en cuenta a Cristo!” (Colosenses 2:8 parafraseado por Phillips).

La palabra griega que Phillips traduce como “intelectualismo” es la misma de la que proviene la palabra “filosofía”. Básicamente significa amor por la sabiduría, pero más tarde adquirió otro significado, es decir, la búsqueda de la realidad y el propósito de la vida. La mayoría de los filósofos se expresan en un lenguaje complicado y grandilocuente. Sus palabras, incomprensibles para una persona normal; apelan a aquellos que les gusta emplear su poder intelectual para revestir las especulaciones humanas con palabras difíciles de entender. Francamente, las filosofías humanas no sirven de mucho. Phillips se refiere a ellas como “intelectualismo y locuras grandilocuentes”. Están basadas en las ideas que tienen los hombres acerca de la naturaleza de las cosas, y ellos no hacen caso de Cristo. Se cita al famoso filósofo Bertrand Russell, que decía al final de su vida: “La filosofía ha demostrado ser un fracaso para mí”.

Al cristiano sabio no se le puede engañar con las locuras grandilocuentes del seudo intelectualismo de este mundo. Se niega a inclinarse ante al altar de la sabiduría humana. Por el contrario, sabe bien que todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento se encuentran en Cristo. Así que, pone a prueba todas las filosofías humanas por medio de la Palabra de Dios y como resultado, las rechaza porque ve que se oponen a las Escrituras.

No cambia de parecer cuando los filósofos salen en primera plana con algún nuevo ataque contra la fe cristiana. Es suficientemente maduro para juzgar y percatarse de que no puede esperar nada mejor de ellos. No se siente inferior por no poder conversar con los filósofos utilizando palabras de muchas sílabas o seguirles en sus razonamientos complicados. Se siente desconfiado ante la incapacidad de ellos para dar a conocer su mensaje con sencillez y se regocija de que el evangelio puede entenderlo el hombre común, por ignorante que éste sea.

Detecta en los filósofos la trampa de la serpiente: “…seréis como dioses” (Gn. 3:5). El hombre es tentado a exaltar su mente y sus poderes intelectuales por encima de la mente de Dios. Pero el cristiano sabio rechaza la mentira del diablo. Derriba argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios (2 Co. 10:5).

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LA MANERA DE TORCER LAS ESCRITURAS

“…los indoctos e inconstantes tuercen… las otras Escrituras para su propia perdición” (2 Pedro 3:16b).
El Dr. P. J. Van Gorder acostumbraba hablar de un letrero, colocado afuera de una carpintería, que decía: “Se hacen toda clase de torceduras y vueltas”. Los carpinteros no son los únicos que sirven para esto; muchos que profesan ser cristianos también tuercen y dan vueltas a las Escrituras cuando les conviene. Algunos, como dice nuestro versículo, tuercen las Escrituras para su propia perdición. Todos somos expertos para justificar, es decir, excusar nuestra desobediencia pecaminosa ofreciendo elogiosas explicaciones o atribuyendo motivos dignos a nuestro proceder.

Intentamos torcer las Escrituras para que se acomoden a nuestra conducta. Damos razones plausibles aunque falsas que den cuenta de nuestras actitudes. Aquí hay algunos ejemplos. Un cristiano y hombre de negocios sabe que está mal recurrir a los tribunales contra otro creyente (1 Co. 6:1-8). Más tarde, cuando se le pide cuentas por esta acción, dice: “Sí, pero lo que él estaba haciendo estaba mal, y el Señor no quiere que se quede sin castigo”. Mari tiene la intención de casarse con Carlos aún cuando sabe que él no es creyente. Cuando un amigo cristiano le recuerda que esto está prohibido en 2 Corintios 6:14, ella dice: “Sí, pero el Señor me dijo que me casara con él para que así pueda guiarle a Cristo”. Sergio y Carmen profesan ser cristianos, sin embargo viven juntos sin estar casados. Cuando un amigo de Sergio le señaló que esto era fornicación y que ningún fornicario heredará el reino de Dios (1 Co. 6:9,10), se picó y replicó: “Eso es lo que tú dices. Estamos profundamente enamorados el uno del otro y a los ojos de Dios estamos casados”.

Una familia cristiana vive en lujo y esplendor, a pesar de la amonestación de Pablo de que debemos vivir con sencillez, contentos con tener sustento y abrigo (1 Ti. 6:8). Justifican su estilo de vida con esta respuesta ingeniosa: “Nada hay demasiado bueno para el pueblo de Dios”. Otro hombre de negocios codicioso, trabaja día y noche para amasar ávidamente toda la riqueza que puede. Su filosofía es: “No hay nada de malo con el dinero. Es el amor al dinero la raíz de todo mal”. Nunca se le ocurre pensar que él podría ser culpable de amar al dinero. Los hombres intentan interpretar sus pecados mejor que lo que las Escrituras les permiten, y cuando están resueltos a desobedecer la Palabra  y esquivarla como puedan, una excusa es tan buena (o mala) como la otra.

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OFRECIENDO LO MEJOR AL SEÑOR…

“Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 1:8).
 
Los requisitos de Dios en cuanto a los animales para el sacrificio no dejaban lugar a dudas; debían ser sin mancha o tacha. Él esperaba que Su pueblo le ofreciera los animales más escogidos de sus rebaños. Dios quiere lo mejor. Pero, ¿qué estaban haciendo los israelitas? Ofrecían animales ciegos, cojos y enfermos. Los animales escogidos tenían un alto precio en el mercado o se apartaban para la crianza. Y así el pueblo estaba ofreciendo lo peor, diciendo: “Oh, Dios comprende, y cualquier cosa es bastante buena para Él”.
Antes de mirar con desprecio a los israelitas debemos sopesar si los cristianos del siglo XX estamos también deshonrando a Dios no dándole lo mejor.
Gastamos la vida amasando una fortuna, tratando de hacernos un nombre, viviendo en una casa elegante en un barrio residencial, disfrutando las mejores cosas, dejándole a Dios, como una miserable propina, las colillas de una vida consumida en las cosas del mundo.
Nuestros mejores talentos van a los negocios y a las carreras que tanto queremos, dándole al Señor lo que sobra de nuestras tardes o fines de semana.
Criamos a nuestros hijos para el mundo, animándoles a que tengan las mejores carreras, ganen mucho dinero, se casen bien, compren una casa elegante con todas las comodidades modernas, y por supuesto, que vayan a las reuniones de la iglesia los domingos, cuando puedan. Nunca les presentamos la obra del Señor Jesús como un camino digno de la inversión de sus vidas y tesoros.
El campo misionero y la obra pionera en nuestro país está bien para los hijos de los extranjeros, pero no para los nuestros. Gastamos nuestro dinero en coches caros, artículos de recreo, yates y equipo deportivo de alta calidad, para luego arrojar una miserable moneda para la obra del Señor.
Vestimos ropas elegantes y caras, y después nos sentimos satisfechos cuando donamos nuestros desechos al ropero municipal. Lo que estamos diciendo con los hechos es, en efecto, que cualquier cosa es suficientemente buena para el Señor, pero que deseamos lo mejor para nosotros mismos. Y el Señor nos dice: “Preséntalo al rey o presidente. ¿Acaso se agradará de ti, o le serás acepto?” Sería un insulto para el rey o el presidente.
Bien, así es con el Señor. ¿Por qué le tratamos de un modo en el que no osaríamos tratar al rey o al presidente? Dios desea y merece lo mejor. Resolvamos con toda sinceridad darle lo mejor.
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“Y ahora, Señor, mira sus amenazas….

“Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (Hechos 4:29).
Cuando los primeros cristianos padecían persecución, no esperaron a que cambiaran sus circunstancias. Más bien glorificaban a Dios por las circunstancias. Es muy triste comprobar que a menudo no seguimos su ejemplo. Damos largas a la acción hasta que las condiciones se muestran más favorables. Vemos las barricadas como obstáculos en vez de verlas como trampolines. Disculpamos nuestras tardanzas argumentando que nuestras circunstancias no son ideales. Los estudiantes no se comprometen activamente en el servicio cristiano hasta que se gradúan. Pero apenas esto ocurre, casi de inmediato se ocupan del romance y el matrimonio. Más tarde, las presiones del empleo y la vida familiar les mantienen entregados a sus labores y deciden esperar hasta la jubilación. Para entonces, dicen, se verán libres por el resto de su vida para servir al Señor. Pero cuando llega ese momento su energía y visión se han esfumado y sucumben a una vida de ocio. O puede ser que nos encontremos trabajando en la iglesia local con gente que tiene posiciones de liderazgo pero que no nos caen bien. Aunque son fieles y esforzados, los encontramos desagradables y molestos. ¿Qué hacemos entonces? Nos incomodamos e irritamos con el trabajo, esperando a que llegue algún funeral de primera clase. Pero tampoco esto funciona, pues algunas de estas personas tienen una longevidad sorprendente. Esperar funerales no es productivo. José en Egipto no esperó hasta salir de la prisión para hacer que su vida fuera útil; tenía un ministerio de Dios en la prisión. Daniel llegó a ser un hombre poderoso en Dios durante la cautividad babilónica. Si hubiera esperado hasta que el exilio terminase habría sido demasiado tarde. Fue durante los días en que Pablo estuvo en prisión que escribió las epístolas a los Efesios, Filipenses, Colosenses y a Filemón. No esperó a que las circunstancias mejoraran. La realidad es que las circunstancias nunca son ideales en esta vida. Y para el cristiano, no hay promesa de que vayan a mejorar. Así que, en el servicio como en la salvación, hoy es el tiempo aceptable. Lutero decía: “El que espera hasta que la ocasión parezca favorable
por completo para empezar a hacer su obra, nunca la encontrará”. Y Salomón nos advierte que: “El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará” (Ec. 11:4).  Bily Graham.

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“Manteniendo la fe y buena conciencia”

“Manteniendo la fe y buena conciencia” (1 Timoteo 1:19).
La conciencia es un mecanismo de control que Dios ha dado al hombre para aprobar la conducta recta y protestar contra la equivocada. Cuando Adán y Eva pecaron, sus conciencias les condenaron y supieron que estaban desnudos. Como las demás partes de la naturaleza humana, la conciencia fue afectada con la entrada del pecado, de modo que no siempre es plenamente confiable. La vieja máxima: “Deja que tu conciencia sea tu guía”, no es una regla inalterable, ni mucho menos. Sin embargo, aun en los más depravados, la conciencia todavía destella sus señales rojo y verde. En el momento de la conversión la conciencia de una persona es purificada de obras muertas por la sangre de Cristo (He. 9:14). Esto significa que ya no depende de sus propias obras para conseguir una posición favorable ante Dios. Su corazón está purificado de mala conciencia (He. 10:22), porque sabe que la cuestión del pecado ha sido resuelta de una vez por todas por la obra de Cristo. La conciencia no le condena nunca más en lo que respecta a la culpa y condenación del pecado. De ahí en adelante el creyente desea conservar una conciencia irreprensible ante Dios y ante los hombres (Hch. 24:16). Anhela tener una buena conciencia (1 Ti. 1:5, 19; He. 13:18; 1 P. 3:16) y una limpia conciencia (1 Ti. 3:9). La conciencia del creyente necesita ser educada por el Espíritu de Dios a través de la Palabra de Dios. De este modo, desarrolla una sensibilidad creciente hacia áreas cuestionables de la conducta cristiana. Los creyentes que son excesivamente escrupulosos sobre asuntos que no son ni buenos ni malos en sí mismos, tienen una conciencia débil. Pecan si hacen algo que sus conciencias les reprochan (Ro. 14:23) y contaminan su conciencia (1 Co. 8:7). La conciencia se parece a una goma elástica. Cuanto más se estira, más elasticidad pierde. La conciencia también se puede ahogar. Un hombre puede justificar tanto su mala conducta, hasta el punto de que la conciencia dice lo que él quiere que diga. Los incrédulos pueden tener una conciencia cauterizada (1 Ti. 4:2), como si estuviera quemada por un hierro al rojo vivo. Por el rechazo continuo de la voz de la conciencia, finalmente llegan al punto donde ya no les duele pecar (Ef. 4:19). Dios hace responsable al hombre por lo que hace con su conciencia. No se puede abusar con impunidad de ninguna facultad dada por Dios. Billy Graham

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“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados…..

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5:13).
La libertad de los hijos de Dios es una de sus posesiones más preciadas. Los libertados por el Hijo, son verdaderamente libres. Pero son llamados a una libertad responsable, y no al libertinaje. Los hijos quieren emanciparse de las restricciones del hogar. Los jóvenes desean liberarse de la disciplina del estudio. Los adultos quieren verse libres de sus votos matrimoniales. Muchos se quejan de sentirse encadenados a sus empleos cotidianos. Pero éstas no son las libertades a las que somos llamados. Las estrellas no son libres para dejar sus órbitas y vagar por el espacio. Un tren no tiene libertad para dejar la vía y andar por el campo sin rumbo fijo. Un avión no es libre para dejar la ruta previamente asignada; su seguridad depende de que el piloto obedezca las regulaciones. Jowett comentó: “No hay reino donde haya espacio para los anarquistas. Si deseamos descubrir la libertad a dondequiera que vayamos debemos aprender a sujetarnos. Un músico debe conocer y respetar las leyes de la armonía si desea regocijarse en su mundo fascinante. Un constructor debe estar al servicio de la ley de la gravedad, o de otro modo su casa se convertirá en un montón de ruinas. ¿Qué clase de libertad puede disfrutar un hombre que desafía constantemente las leyes de la salud? En todos estos ámbitos, traspasar sus límites es convertirse en un lisiado, mientras que respetarlos es llegar a ser un hombre libre”. Es verdad que el creyente está libre de la Ley (Ro. 7:3), pero esto no quiere decir que esté sin ley. Ahora es un siervo de Cristo, ligado por las cuerdas del amor, y comprometido a obedecer los numerosos mandamientos Suyos que se encuentran en el Nuevo Testamento. El creyente está libre de la esclavitud del pecado (Ro. 6:7, 18, 22), pero es siervo de Dios y de la justicia. El creyente es libre de todos los hombres (1 Co. 9:19), para llegar a ser siervo de todos, para ganar a un mayor número. Pero no es libre para usar su libertad como pretexto para hacer el mal (1 P. 2:16). No es libre para dar rienda suelta a la carne (Gá. 5:13) o hacer tropezar u ofender a nadie (1 Co. 8:9). Tampoco es libre para deshonrar el Nombre del Señor Jesús (Ro. 2:23-24). No es libre para amar al mundo (1 Jn. 2:15-17), o entristecer al Espíritu Santo que habita en él (1 Co. 6:19). El hombre no encuentra realización y descanso haciendo su propia
voluntad. Tan sólo lo encuentra al tomar el yugo de Cristo y aprender de Él. “Servirle es perfecta libertad”. Billy Graham

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CAIN UNA PERSONA CON MUCHOS PROBLEMAS

Un poco Sobre Caín.

GEN.4.

¿Qué dice la biblia de Caín?

  1. Caín no tenía fe. Hebreos 11.4.
  2. Caín era del maligno. Juan
  3. Era un asesino.
  4. Sus obras eran malas.
  5. Caín tiene seguidores. Judas 1:11.

Caín no tenía fe. Hebreos 11:4.

 

Heb 11:4  Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.

Caín era un incrédulo. No tenía fe. Por eso su ofrenda no tenía ningún valor para Dios. Génesis .4:3-5. Todo aquello que hacemos sin fe no tiene valor. Sin fe es imposible agradar a Dios. la fe comienza cuando eres salvo. Efesios 2.8, 9. La fe de la salvación es descansar en la obra de la cruz como suficiente pago para que tu no seas condenado. Sigue después de la salvación para que puedas vivir y avanzar en la vida cristiana.

Las ofrendas de Caín tenían fe por eso no tenían ningún valor para Dios. Porque sus ofrendas  estaban mezcladas con el pecado. La biblia dice que  Todo lo que no proviene de fe es pecado. Romanos 14.23.

Veamos porque es pecado no tener fe. Porque la fe no es meritoria descansa en los meritos de Cristo nada mas, en la capacidad del Señor y en su plan. Por eso cuando tu tienes fe, estas dependiendo no de tus meritos, si no de la misericordia del Señor y su poder. Descansas en su plan y en su voluntad.

 

Cuando tú no tienes fe descansas en tus fuerzas, en tu capacidad, en tu propio plan y tu propia voluntad. Y eso al final es producto de la arrogancia, y la soberbia. Y por eso es pecado no tener fe.

  1. Al incrédulo no pueden entender el evangelio de Cristo. 2. Corintios 4:4.
  2. Están bajo condenación. Apocalipsis. 21:8.

Caín Era del maligno. 1. Juan 3:12.

  • La palabra maligno se usa para describir varias cosas.
  • Se usa para describir a Satanás que controla al mundo entero. 1. Juan. 5:19.
  • El maligno es que toca a las personas. 1. Juan 5:18.
  • Es el que toco a Judas. Juan 13:1-3.
  • Es el que toco a Ananías y Safira. Hechos 5:1- 11.
  • Debemos tener cuidado que nos toque el maligno. 1. Juan 2:14.
  • ¿Cómo tener cuidado del maligno?.
  • Teniendo en cuenta que el mundo entero puede ser instrumento de Satanás para tentarnos. 1. Juan 5:19; 1. Juan 2:15-17. Esto significa que debemos tener cuidado con el mundo, con su modo de pensar, y su forma de hacer las cosas. El mundo no piensa igual al Señor, piensa igual que satanás. Efesios 2.1-3.
  • Debemos tener cuidado con la carne porque es un aliado del maligno y se opone a Dios. Efesios 2.1-3. Gálatas 5:16-19.
  • La única manera de vencerles es guardando su palabra. 1. Juan 2:14.

 

Caín era un asesino. 1. Juan 3:12.

  1. Un asesino es alguien que le quita la vida a otra persona. Génesis 4:14-15.
  2. Una sociedad llena de violencia o asesinatos es una sociedad corrompida. Génesis 6.11-13. Una sociedad violenta es una sociedad de anarquía, de robo, corrupción, cruel, asesinatos, injusta y llena de arrogancia y difícil de vivir.
  3. Dios desaprueba una sociedad que ama la violencia. Salmo 11.5.
  4. Las personas violentas están llenas de soberbia. Salmo 73.6.
  5. La tierra se vuelve tenebrosa. Salmo 74.20.
  6. Veamos la condición de un asesinos.
  7. No tienen relación con Dios. Génesis 4.14.
  8. Viven a escondidas.
  9. Tienen una motivación a ser errantes.
  10. Está expuesto a la muerte.
  11. Como el hombre puede librarse de esa situación.

 

 

 

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